abr 272011
 

En un artículo recientemente aparecido en el diario El País, Los libros en el ‘gulag’, la escritora checa afincada en España Monika Zgustova relata las experiencias de algunas mujeres internadas en los campos de concentración durante la era de Stalin y cómo sobrellevaron ese infierno gracias a los libros y a la amistad. Los testimonios son sobrecogedores y tiernos. Una de esas mujeres comenta que las internas escribían poemas que recitaban por las noches: «… preferíamos dormir menos y humanizarnos, elevarnos con la poesía». Otra de ellas intercambiaba poemas de amor escritos con otro preso a través de los intersticios del muro que los separaban. Una interna leyó hasta cuatro veces el único libro que había en la mísera enfermería, Guerra y Paz, mientras convalecía de una paliza propinada por los guardianes. Otro testimonio proviene de una mujer que nació en el campo de concentración y cuenta la Caperucita Roja que las presas confeccionaron a mano cosiendo diferentes papeles escritos con pluma y que incluían dibujos pintados con colores. Un último testimonio nos habla de un libro de Pushkin: «… En el campo, este libro de procedencia desconocida, pasó por centenares, tal vez miles de manos. Los libros tienen sus vidas, sus historias y destinos, igual que los hombres.»

Es de suponer (¿?) que experimentos tan espantosos como esos gulags no se repetirán de nuevo (¿Guantánamo?) por lo que los libros nos ayudarán a vivir en entornos menos inhóspitos. De todos modos no podemos dejar de hacer un ejercicio de imaginación pensando qué hubiera sido de estas mujeres en la siempre llegante y excluyente era del libro electrónico. Probablemente estas historias tan maravillosas no habrían tenido lugar. No sabemos si sus vidas finalmente dependieron de esos libros de papel: en algunos casos seguro que así fue. Lo que sí es cierto es que habrían sido menos felices sin ellos.

abr 192011
 

Con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro el próximo 23 de abril, nuestro amigo y colaborador de la editorial Apuleyo Soto nos remite esta magnífica Letanía y elogio de la lengua española. No podemos resistirnos a difundirla entre nuestros lectores. Gracias Apuleyo.

Lengua de Berceo. Lengua de Cervantes. Lengua de Espronceda. Lengua de Gracianes. Lengua de Machados. Lengua de Sanjuanes. Lengua de Teresa. Lengua de diamante: Ábreme la boca para que te cante.

Lengua como espada de Conquistadores. Lengua de plebeyos. Lengua de señores. Lengua de encendidos santos rezadores. Lengua de las plantas. Lengua de las flores. Lengua de pastores y de emperadores.

Lengua de las tierras. Lengua de los mares. Lengua de las casas. Lengua de las calles. Lengua de los huertos y los hontanares. Lengua de los libros. Lengua de los bares. Lengua de las guerras. Lengua de las paces.

Lengua capitana. Lengua que es marquesa. Lengua soberana, que domina y besa. Lengua que es de oro. Lengua que es de seda. Lengua de comedia. Lengua de tragedia. Lengua que el obispo consagra en la iglesia.

Lengua de exabruptos. Lengua de ternuras. Lengua de atamientos y desataduras. Lengua a ras de suelo y de las alturas. Lengua de verdades. Lengua de imposturas. Lengua de notarios, juristas y curas.

Lengua de mañanas y de atardeceres. Lengua en la que caben todos los saberes. Lengua de los viejos y los bachilleres. Lengua para el cambio de los pareceres. Lengua nombradiza de casas y enseres.

Lengua bullanguera. Lengua cristalina. Lengua de los hombres y lengua divina. Lengua ciudadana. Lengua campesina. Lengua que avasalla. Lengua que acaricia. Lengua que subyuga. Lengua que abomina.

Lengua mecedora de cuentos e historias. Lengua de derrotas. Lengua de victorias. Lengua de la muerte. Lengua de la gloria. Lengua contra el cáncer “mesa petitoria”. Lengua merecida. Lengua meritoria.

Lengua de razones y de sinrazones. Lengua de amoríos y de corazones. Lengua en los altares y en los Cronicones. Lengua que se expande sobre los pendones. Lengua de palacios. Lengua de mesones.

Lengua para el llanto, para la sonrisa. Lengua para el viento y para la brisa. Lengua que desflora la mente insumisa. Lengua que en los cuerpos el alma desliza. Lengua que va al fútbol. Lengua que va a misa.

Callo y me persigues, Lengua de mi vida. Dices “yo te amo”. Digo “mía, mía”.Dices “alimaña”. Digo “cacería”. Dices “mariposa”. Digo “maravilla”. Dices “te convido”. Digo “gracias, niña”.

La Lengua, mi Lengua. ¿Qué otra cosa digo? La Lengua camina soñando conmigo. Es semilla y fruto, y es caña y es trigo. Es brazo amigable, refugio y abrigo. Es llave que abre, llamada y postigo.

Cuando yo me muera, ella estará altiva, porque ella es la fuente que mana agua viva: el laurel, la palma, la rosa, la oliva, la novia, la luna, la incauta cautiva, la que el sueño eterno desmiente y esquiva.

Me acuesto en la Lengua, nutritiva madre. Nadie me despierte, aunque sea tarde. Quinientos millones la lanzan al aire. Es del Universo su talla y su talle. ¡Árbol de la vida! Dejad que me calle.

abr 152011
 

En el número de abril de la revista de pensamiento Claves de la Razón Práctica, dirigida por Javier Pradera y Fernando Savater se incluye la traducción de un interesante artículo del editor Jason Epstein titulado «La revolución digital del libro», aparecido en el New York Times Review of Books. Jason Epstein fue una de las figuras centrales de la editorial Random House en los años 60 y autor de un famoso libro en torno a la edición, La industria del libro.

El hilo conductor del artículo es una recensión de un libro del sociólogo inglés John B. Thompson con el sugerente título Merchants of Culture: The Publishing Business in the Twenty-First Century. En este extenso artículo, Epstein repasa la historia reciente del mundo editorial, su experiencia en Random House y el momento crítico actual de la aparición de la edición electrónica y se posición respecto a la edición tradicional.
Del artículo extraemos un párrafo que nos parece revelador:

«Lo que yo creo es que el futuro digital en que cualquiera puede convertirse en autor publicado se separará en las dos vías conocidas: una vía estrecha hacia mayor variedad multilingüe, especificidad y calidad en general, y una vía más ancha y descendente hacia mayor banalidad e incoherencia, mientras que la sabiduría colectiva de nuestra especie, el crítico infalible, seguirá conservando lo esencial y con el tiempo irá desechando el resto.»

abr 112011
 

¿Qué hace que un libro sea un éxito de ventas? Quizá esta pregunta suponga el Santo Grial tras el cual corren la mayoría de los editores del mundo. La literatura al respecto es amplia (David Viñas Piquer, El enigma best-seller: fenómenos extraños en el campo literario. Barcelona, Ariel, 2009; John Sutherland: Bestsellers. A very short introduction. New York, Oxford University Press, 2007; Sergio Vila-Sanjuán, Código best seller. Barcelona, Temas de Hoy, 2011; Pierre Bourdieu, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Barcelona, Anagrama, 2002…). La clave es la previsión, la explicación a priori, no el análisis a posteriori. Éste último nos sirve en la medida que pueda ayudar a plantear el primero. Pero parece que estamos lejos de la fórmula mágica que nos desvele los ingredientes que, una vez mezclados, produzcan un best-seller. En otros ámbitos de gran innovación –v. g., alimentación— las estadísticas nos dicen que en Europa triunfa un producto de cada diez nuevos, y en España uno de cada veinte. En el mundo del libro probablemente esos porcentajes sean menores si tenemos en cuenta que en España se publican más de 76.000 títulos al año. Algunos elementos parece que ayudan a fabricar un best-seller, y tienen mucho que ver con la inversión en marketing. Ello hace que los best-seller suelan proceder de grandes grupos editoriales con recursos suficientes para acometer esas inversiones. Pero a pesar de ello, muchos de estos lanzamientos muy planificados fallan y otras pequeñas apuestas triunfan. Por tanto, el elemento azaroso sigue jugando un importante papel en los éxitos editoriales.

Este domingo pasado, el diario El País, en su magnífica serie de entrevistas que el periodista Juan Cruz está relizando bajo el título Editores ante el final de la Era Gutenberg, publicó la entrevista a Stephen Page, director de la prestigiosa editorial inglesa Faber & Faber. Entre muchas cosas interesantes recogemos éstas en relación al tema que nos ocupa:

«El venir de un pasado comercial me permite suponer que uno lo ha de saber todo acerca de la obra que se esté publicando. Pero no es verdad. Puedes saber muchas cosas, pero nunca predecir lo que va a ocurrir con esa obra una vez lanzada al mercado. El aspecto comercial en el mundo editorial está sobrevalorado. No sabemos los cambios que van a llegar, no podemos predecir, por tanto, si un libro va a ser un éxito o no. Lo que ocurrió ayer tal vez no sea importante mañana. … Decir lo que va a ocurrir con un libro es imposible porque hay factores que no puedes tener en cuenta, como la aceptación del lector. Trabajé en un libro titulado Longitud. “Trata sobre la longitud, escrito por un relojero inglés”, me dijo el editor. Y dije que imprimieran 10.000 ejemplares. Se vendieron más de un millón. Acerté en un 1%. Era suficiente. Lo compramos, lo editamos y nos fue muy bien. Pero no sabíamos el éxito que íbamos a tener. Diría que en este oficio hay que seguir publicando, seguir apostando y seguir esperando.»

¿Qué opináis?

abr 012011
 

El pasado domingo 27 de marzo, el diario El País, en su serie dirigida por el periodista Juan Cruz Editores ante el final de la Era Gutenberg, publicó una entrevista con el editor francés Antoine Gallimard. Entre las muchas perlas de sabiduría que la entrevista recoge, incluimos aquí dos de ellas que encajan en el debate que estamos sosteniendo, como si el maestro Gallimard hubiera querido unirse a nosotros en la búsqueda común de respuestas. Desde Cuadernos de la Torre suscribimos ambas opiniones.

«La revolución digital es una revolución tecnológica, basada en la rapidez con la que podemos captar contenidos. Lo importante es saber si esta revolución va a transformar el comportamiento del lector o del imaginario del escritor. Yo no creo que eso suceda, del mismo modo que ni la radio ni la televisión transformaron nada en ese aspecto. El peligro no es lo digital: como dije antes, la edición digital es una oportunidad. El auténtico peligro es la gratuidad. No se trata de culpar a Internet sino a la piratería. Estamos trabajando en crear una colección digital que sea atractiva para los jóvenes, no demasiado cara.»

«Hoy rige la ley de mercado y encontramos grandes engranajes, grandes superficies, pocas editoriales independientes, una gran concentración en los grupos fuertes, cada vez menos librerías. Por fortuna, las editoriales no construyen aviones, y pueden recuperar con mayor facilidad el equilibrio frente a los problemas de mercado y de distribución, sin que el tamaño de la empresa productora suponga una diferencia fundamental.»