sep 092011
 

En el pasado número del suplemento ABC Cultural, —nº 1006, sábado 3 de septiembre de 2011— el escritor Rafael Reig, en su sección habitual Lecturas y relecturas, incluye un inteligente artículo titulado «Hamsun, vida y obra», artículo cuya lectura desde aquí recomendamos vivamente. El tema central del artículo gira en torno a las simpatías de Hamsun por el nazismo y algunos momentos representativos de esa relación. Entre ellos, Reig cita el regalo que Hamsun hizo de su medalla del premio Nobel a Joseph Goebbels o el telegrama de condolencias que remitió al estado alemán tras la muerte del Führer. Pero se deja en el tintero algún episodio si cabe más relevante, como fue la entrevista que Hamsun mantuvo con Hitler en junio de 1943 en la localidad alemana de Berghof, entrevista recreada magníficamente en la película Hamsun (1996), protagonizada por Max von Sydow y con guión del escritor sueco Per Olov Enquist.

Reig huye del juicio fácil y escarba en los hechos para tratar de explicarse cómo un gigante de la talla de Hamsun pudo albergar sentimientos tan aparentemente contrarios a lo que su escritura representa: «Lo que valoramos en las novelas de Hamsun es lo mismo que le impulsó hacia la ideología nazi: la energía, la expresividad a menudo dramática, el ansia de grandeza, la adoración por la juventud y la fuerza, el contacto con la naturaleza y un cierto paganismo, y sobre todo el triunfo de la voluntad por encima de cualquier circunstancia.»

Resulta chocante que si sacamos del contexto nazi toda la frase anterior, los valores que transmite entendemos que no pueden clasificarse, sin más, de indeseables. Reig continúa tratando de explicar el fenómeno: «Tuvo una infancia de pesadilla, vivió entre la pobreza de solemnidad y la miseria extrema, pero consiguió salir adelante gracias a un esfuerzo solitario y titánico. ¡Cómo no iba a ser un nietzscheano de la cabeza a los pies! Emigró a Estados Unidos a finales del XIX y trabajó en penosas condiciones en el ferrocarril y en otros empleos y aprendió a odiar la explotación capitalista con conocimiento de causa. Se convenció de que el progreso no era más que decadencia, desde el tractor a la democracia.»

En nuestro ánimo no está el adherirnos a la ideología nacionalsocialista, sino todo lo contrario. Pero sí en tratar de entender ciertas cosas y huir de la calificación inmediata, tal y como ha logrado Reig en su artículo. Hace un par de meses, algunos miembros de esta casa nos encontrábamos visitando una librería histórica de Madrid. Durante la breve charla que mantuvimos con la propietaria, salió a relucir nuestro fondo de literatura nórdica, y nuestra especial predilección por Hamsun y su magistral Hambre. La conversación tomó un giro inesperado cuando la propietaria de la librería tildó amargamente y con cierta ira a Hamsun de nazi. Ante nuestra respuesta de que en efecto tenía simpatías por el nazismo pero que debíamos entender el porqué y que además no podíamos negar que Hamsun era un gigante de la literatura, la propietaria de la librería no quiso seguir por ese derrotero, manteniéndose en sus trece respecto a lo deleznable de tal escritor.

En 2009 se cumplieron 150 años del nacimiento de Hamsun. Los noruegos se dividieron en cuanto a la conveniencia de dicha celebración y finalmente el presupuesto  destinado para los actos fue inferior a lo que este tipo de acontecimientos suponen —para el centenario de Ibsen se invirtieron casi seis veces más—, lo cual refleja que todavía es una herida abierta. El pasado mes de enero —Reig hace alguna rápida alusión al tema—  la polémica surgió en Francia en relación a la celebración en el mes de julio del cincuentenario de la muerte de Louis-Ferdinand Céline, el autor de la inolvidable Viaje al fin de la noche. Tras muchas presiones, el Ministerio de Cultura francés decidió no celebrar este acontecimiento. Nosotros nos unimos al pensar del filósofo Fernando Savater, que con ocasión de la polémica de Céline escribió un artículo en el que recoge este fragmento: «Todos detestaron en su día a Céline, por su nihilismo que obstinadamente se niega a la pereza de la esperanza: todos, nazis, resistentes, la buena y la mala gente. Él mismo lo dijo: “En el periodo más rabioso de la historia de Francia, puedo enorgullecerme de haber logrado al menos la unanimidad de los franceses en un punto: mi asesinato”. No, no habrá homenajes oficiales para él, ni ahora ni nunca. Se encargó de hacerlos imposibles. Solo le corresponde uno, mínimo y salvaje, que Philippe Muray condensó en la primera frase de su ensayo: “El nombre de Céline pertenece a la literatura, es decir, a la historia de la libertad”. El resto es silencio.»

sep 062011
 

Querido amigo Gonzalo Pontón:
Te doy mi más sincera bienvenida por este retorno a la edición independiente. Estoy seguro de que, una vez superadas las vicisitudes de la anterior etapa, conseguirás con tu nuevo sello Pasado & Presente, como hiciste durante tantos años al frente de Editorial Crítica, aportar libros fundamentales al complejo mundo de la edición en español. A la vista de los primeros títulos que ofreces a los lectores inteligentes (de los que hay legión en nuestro país y que saben aprovechar lo mejor del Mercado) no me cabe la menor duda de que tu nueva editorial, además de pasado y presente, tendrá futuro, mucho futuro.
Un gran abrazo,
José María G. de la Torre
http://librosyabrazos.wordpress.com/