oct 102011
 

Un buen periodista vive atento a la actualidad pero no desdeña los antececentes. 2 buenos ejemplos:

Gerardo González Calvo, La Opinión de Zamora, en su artículo «Tranströmer, el poeta de lo cotidiano», 7-10-11.

«Este poeta, psicólogo de profesión, es muy poco conocido en España. A pesar de ello, he podido saborear alguno de sus versos en un voluminoso libro titulado «Poesía nórdica», publicado por Ediciones de la Torre en 1999, en su serie Biblioteca Nórdica [...]»

Vanessa Gutiérrez, El Comercio, Gijón, 9-10-11, en su articúlo «Un poeta Nobel, vivo y contradictorio».

«Gracias al empeño de personas como Franscisco J. Uriz (Zaragoza, 1932), quien en 1995 publicaba con Ediciones de la Torre un volumen de mil cien páginas de poesía de los cinco países nórdicos con el título de ‘Poesía Nórdica’, esta literatura no nos es ajena. Con aquella magna obra lograba el Premio Nacional de Traducción [...]»

oct 092011
 


T
omas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura 2011, fue publicado, en Ediciones de la Torre, en la monumental antología Poesía Nórdica, preparada por Francisco J. Uriz.

SOLEDADIAquí estuve a punto de morir una noche de febrero.

El coche patinó en el hielo y se me fue de costado hacia

el otro lado de la carretera. Los coches que venían

—sus faros— se acercaron.

Mi nombre, mis hijas, mi trabajo

se liberaron y quedaron atrás en silencio,

cada vez más lejos. Yo era anónimo

como un chico en el patio de la escuela, rodeado de enemigos.
El tráfico contrario tenía luces potentes.

Me enfocaban mientras yo le daba y le daba al volante

en un miedo transparente que flotaba como clara de huevo.

Crecieron los segundos —allí había espacio—

se hicieron grandes como hospitales.
Uno podia casi detenerse

y respirar un instante

antes de estrellarse.

Entonces surgió un apoyo: me ayudó un compasivo grano de arena

o un maravilloso golpe de viento. El coche se enderezó

y reptó rápido hacia el otro lado de la carretera.

Apareció un poste de pronto y se quebró —un sonido seco—

desapareció volando en la oscuridad.

Hasta que se hizo la calma. El cinturón me mantuvo en el asiento

y vi venir a alguien por entre la ventisca de nieve

para ver lo que me habla pasado.
II

He andado largo tiempo

por los helados campos de Östergötland

Jamás he visto un alma.
En otras partes del mundo

hay quienes nacen, viven, mueren

en permanente aglomeración.

El estar siempre visible —vivir

en un enjambre de ojos—

tiene que dar al rostro una expresión singular.

Rostro cubierto de arcilla.

El tumulto sube y baja

mientras se reparten entre si

el cielo, las sombras, los granos de arena.

Yo necesito estar solo

diez minutos por la mañana

y diez minutos por la noche.

—Sin programa.

Todos hacen cola ante todos.

Muchos.

Uno.

 

Tomas Transtömer Poesía Nórdica, Madrid,Ediciones de la Torre, 1999,p. 352