jul 252013
 

Hoy, en Galicia, y en toda España, las campanas nos dan noticia de la tragedia, del inmenso dolor.

LAS CAMPANAS

Yo las amo, yo las oigo
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido del cordero.

Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.

Y en sus notas, que van repitiéndose
por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.

Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!,
¡qué silencio en las iglesias!,
¡qué extrañeza entre los muertos!

Rosalía de Castro
Poesía cada día, p. 15

jul 162013
 

Antonio Costa Gómez elogia nuestro libro Aldea 1936 en la revista República de las Letras, 130, junio 2013, p. 82.

«No llega tarde porque el mito nunca llega tarde. Y habrá que ponerla entre las mejores novelas sobre la Guerra Civil, pero algo más, habría que colocarla entre las narraciones más sugerentes de la generación del medio siglo muchos años después, igual que se situó a Antonio  Gamoneda entre los poetas de los cincuenta con bastante retraso. Pero en realidad no hay retraso, al fin y al cabo no se trata de los manuales pasajeros y discutibles, son de la esencia de la literatura. No deberíamos hablar solo de narrativa de la Guerra civil, porque la obra trasciende ese tema, la guerra es como el material del que se arrancan destellos y sugerencias. El territorio de esta novela es el mito y la infancia, la precariedad de los paraísos rotos, cruzados siempre brutalmente por la Historia, que es una acumulación de cadáveres, como decía Walter Benjamin.»

republicaleetras472

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jul 092013
 

El movimiento ascendente era lento, y el ligero traqueteo que acompañaba al ascensor meneaba grácilmente las coletas de la pequeña. Su mano, estaba asida a la de un hombre templado, con gabardina color crudo y un fedora marrón.
—Ya llegamos ¿verdad? —la niña sonreía nerviosa, y al hacerlo, dejaba al descubierto el lugar dónde hacía poco habían estado sus paletas.
—Sí, aquí es.
El hombre abrió la puerta del ascensor con una mano y dejó salir a la pequeña primero. Al acercarse a la recepción sus pasos chirriaban sobre el suelo encerado. Una mujer de pelo cano dejó balancear sobre su cadenita de plata unas gafas puntiagudas para la vista cansada.

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jul 092013
 

Sentado en el marco de la puerta del balcón, Álvaro miraba las baldosas rojas. Últimamente padecía insomnio y no tenía sentido echarle le culpa a Laura. Cuando rompieron, y de eso hacía ya casi tres años, no le había dolido, sino más bien al revés.
Se habían despedido con un beso en la boca, como de costumbre, quizás algo más brusco de lo habitual, también algo más intenso, un beso que Álvaro había guardado en los labios durante varios días, quizá varias semanas. Luego los labios habían recuperado su forma y ahora, contemplando las baldosas sentado, le resultaba difícil revivirlo. Su madre había quitado las macetas porque decía que le quitaban demasiado tiempo y la barandilla, limpia, parecía encerrar entre rejas a las casas vecinas. Pensaba que el aire fresco de la noche le ayudaría a recrear la atmósfera y así podría evocar -o convocar- la humedad blanda de su boca, el roce de su piel, su mirada evasiva. Creía que si lograba asir aquel instante sería luego capaz de recordar la forma de su cuerpo, sus gemidos, las rodillas saltando como resortes, la tensión de sus piernas. Y así, paso a paso, pensaba que podría recuperar aquella esfera perfecta de amor y deseo.

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jul 092013
 

Farah Hoffmann miró a través de los visillos de la ventana.. Qué duramente amanecía en Berlín en los últimos años. Hacía tantos días que no veía a Florian, y tantas semanas que se llevaron a sus padres por el camino de la Hauptbahnhof hacia un destino desconocido, que su depósito de lágrimas estaba seco…

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jul 022013
 

La revista «Historia de Iberia Vieja», en su número 97 dedica una columna a recensionar el libro 35 notas del editor y otros escritos, bajo el título «Un gran editor». 

«En este volumen se pone de manifiesto la importancia que tiene el libro para nuestra formación integral como personas» «La obra es, en fin, un canto a la lectura y un canto a la vida. De principio a fin. Sobre todo el fin: el capítulo “Los años de Carabanchel” y el epílogo resultan conmovedores». A.F.D.

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