oct 302014
 

charinEn el número 6 de la revista CHARÍN, una cuidada y preciosa revista anual dedicada a la Literatura Infantil y Juvenil, publicada por la Fundación Conrado Blanco (La Bañeza, León), que se publica en papel y es de difusión gratuita, dedica su apartado de TEATRO a nuestro autor Antonio de la Fuente Arjona «El teatro, una herramienta en el aula»:

«Cuando se habla de “teatro en la escuela” suele entenderse como una actividad cuya finalidad parece ser la representación pública al final del curso escolar o en otros días señalados.

Sin excluir claro está esa posibilidad, los libros que ha publicado Ediciones de la Torre en su colección “Alba y Mayo Teatro” (El Ladrón de Palabras, La Sombra Misteriosa, Mi amigo Fremd habla raro y La rebelión de los números) fantasean con una propuesta que, aunque de apariencia modesta, deviene en ambicioso plan.

Recluido en la intimidad del aula, despreocupado del aplauso del público y liberado de artificios (luces, decorados y demás zarandajas técnicas), el teatro, sin evitar lo lúdico, se adentra en lo pedagógico. Allí donde lo importante pasa a ser la vivencia y no la exhibición.

Con todo su lustre pero eximido de la fama o los laureles, trascendente pero sin repercusión mediática: cotidiano, sencillo, cercano, accesible, al alcance de cualquiera, en la escuela o incluso en casa.

Esta propuesta no forma actores, ni siquiera busca espectadores.

Porque no se trata de “educación teatral” (es decir: de un profesional de teatro enseñando teatro) sino de “teatro en la educación”, es decir: imaginemos a un  profesor (no de teatro: un maestro de matemáticas, o de lengua española, o de segundo idioma…) usando el juego dramático (dentro del aula y en su horario lectivo) para mejor transmitir su materia.

¿Pero es que el teatro puede servir para enseñar matemáticas o lengua o historia? Pues sí, ¿por qué no? ¡La expresión dramática al servicio de la educación!

No como una actividad aparte (casi siempre ajena al hecho educativo) si no formando parte de cada materia en cuestión: en fin, como una herramienta más que por igual facilite (enriqueciéndolo) el trabajo del profesor y oriente (con la práctica) el entendimiento de los alumnos.

Otro material didáctico, complemento al libro de texto, las diapositivas o la visita al museo.

Marionetas, sombras chinescas, pantomima, los mismos niños y niñas representando/vivenciando un hecho histórico, un problema matemático o un concepto gramatical: las posibilidades y usos son formidables.

Y ahora sí rizo el rizo y donde digo me desdigo: “Esta propuesta no forma actores, ni siquiera busca espectadores” escribía más arriba para no confundir, para mostrar limpia la teoría de polvo y paja, pero una vez explicada hay que volver sobre la verdad de perogrullo: que el teatro es teatro y aunque sea un texto teatral y nadie lo lea, misteriosamente es como si siempre se estuviera representando, el público y los actores están ahí aunque no se les vea. Por tanto esta propuesta nunca podrá excluir la posible representación teatral.

Así son estos libros que se emancipan de la teoría que los forma (y a la que dan forma) y aportan otras lecturas, otros usos dependiendo de quien se adentre en sus páginas: un niño, un profesor, un actor, un director…

Se abre así una doble vía, una doble puerta a una fantástica aventura circular: ¿iniciarse en el mundo teatral estudiando o estudiar mientras se hace teatro? Cualquiera de los dos caminos nos llevará inevitablemente al siguiente. ¡Pasen y vean!

No hay grandes secretos ni doctos consejos (tampoco son necesarios), estos cuatro libros (El Ladrón de PalabrasLa Sombra MisteriosaMi amigo Fremd habla raro y La rebelión de los números) trufados de juegos, ideas y ejercicios, tan solo aventuran unas bases, sencillas pero sólidas, sobre las que cada cual podrá ir construyendo a su medida esta teoría o fantasía.

Porque más que conocimientos dramáticos (que tampoco vienen mal, por supuesto) lo principal es echarle ganas e imaginación, que la mejor manera de entrar en contacto con el juego dramático y sus amplios recursos, es precisamente ésa: jugando y experimentando.»

Autor: Antonio de la Fuente Arjona
http://delafuentearjona.viadomus.com
antonarjona@yahoo.es

LIBROSAFA

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