oct 172012
 

«¿Puede existir algún escritor que previamente no haya sido un acérrimo lector? Las bibliotecas constituyen el templo sagrado donde la experiencia acumulada durante siglos de humanismo se nos ofrece, fácil, accesible, para que fluya libre por nuestras venas y alimente  un discernimiento indefectiblemente basado en el noble legado de quienes nos precedieron. Las bibliotecas son el sanctasanctórum de los escritores, un manantial inagotable donde absorber la savia de los clásicos, donde aprender a trabajar la palabra con el esmero y la delicadeza del orfebre. Y los bibliotecarios son los guías, los maestros que nos dirigen a través de un intricado laberinto para mostrarnos la joya que buscamos, la piedra filosofal capaz de transmutar la prosa banal en nobles y primorosas locuciones. Los bibliotecarios orientan, dirigen, aconsejan; abren caminos y desbrozan lindes para que nuestros pasos no se pierdan. Y, además siembran vocaciones. Los bibliotecarios son los mejores amigos del libro, y por ende, nuestros compañeros más fieles. » Carmen Bandrés Sánchez-Cruzat

República de las Letras n.º 128, p. 127

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