dic 022013
 

Una inteligente y generosa lectora nos envía un precioso texto donde recuerda sus primeras lecturas de Alba y Mayo… ¡Gracias, Alba! Sigue leyéndonos.

HISTORIA DE DOS PEQUEÑOS TESOROS

Vengo de un sitio mucho más pequeño que Madrid, donde la cultura se ciñe a llamar a su catedral «la bella desconocida». Tal vez el frío haya congelado a estas gentes las ansias de hacer llegar al mundo los fantásticos atardeceres de los campos de castilla o el rico románico que puebla las iglesias de la provincia. Pero, he de reconocer, que ese frío en los lentos días de invierno me hizo encontrar en la lectura desde pequeña mi parque de atracciones, convirtiéndome en un ratoncito de biblioteca que pasaba por estanterías y estanterías cogiendo libros.Pero, desde que tengo uso de razón he pasado las navidades en Madrid junto a mis
abuelos, otro mundo completamente diferente a mí día a día. Y con el tiempo, te vas dando cuenta de que no sueles acordarte ni de Nochebuenas ni de Nocheviejas.
Creo, y pongo la mano en el fuego, de que todos y cada uno de nosotros recordamos alguna noche de reyes, con esos nervios mezclados con el miedo al carbón o incluso a que un rey mago se meta en tu habitación con camello incluido.
Y seguro que podemos recordar a la perfección aquel juguete que tanta ilusión te hizo al día siguiente, y pasarte horas y horas jugando con él.
Pero en mi caso, aparte del día de reyes, recuerdo con especial cariño la feria de la juventud «Juvenalia», que se celebraba todas las navidades en IFEMA. Y fue allí donde me encontré con Miguel Hernández y con el loro aventurero de Alberti. Este fin de semana, y tras la charla en el máster les pregunté a mis padres por primera vez, por qué me habían comprado esos libros, y es que nunca me había parado a pensar que, en ninguna de las ocasiones que fuimos a Juvenalia, ni a mí, ni a mi hermana después, nos habían comprado nada, y ni falta que hacía, ya eras lo suficientemente feliz haciendo tu panecito o cualquier otra actividad.
Así que, como digo, fui a mi madre y le pregunté el por qué. Y ella, como si de lo más lógico del mundo se tratase me dijo: Tu padre y yo queríamos que desde pequeña leyeras buena poesía y cuando vimos el libro vimos la oportunidad perfecta para inculcarte estos saberes (no son palabras textuales, las madres lo dicen todo mucho más coloquial).
¡Ja! Y allí estaba Miguel Hernández y mi madre mientras resonaban en mi memoria las palabras de José María de la Torre, diciendo «Aleixandre dijo de él: es el mejor de todos nosotros» en cuanto a los epígonos del 27 se refiere. Y me dije: mis padres no lo han hecho nada mal.
En cuanto lo que influyeron estos libros en mi infancia… Creo que no sabría explicarlo con exactitud. Cómo he dicho antes, era (y sigo siendo) un ratoncito de biblioteca, y estoy segura de que en alguna de esas estantería me tuve que encontrar con poesía para niños como por ejemplo Gloria Fuertes. Sin embargo, sé que cuando me encontraba enfrente de la pequeña estantería de libritos que había en mi habitación, siempre terminaba mirando las fotos de Miguel Hernández imaginando historias con su familia (esa imaginación desbordante de los niños, lástima que se vaya perdiendo con los años), o leía y releía sus poemas intentando encontrar un significado que en muchas ocasiones no entendía, en otras me lo inventaba y muchas otras preguntaba a mis padres sin muchas respuestas sinceras
(porque era una niña, claro).
Y de aquellas imágenes en blanco y negro, al colorido desbordante de Cocorito. A esos maravillosos dibujos. Recuerdo también, que mi madre me decía: Al famoso. Luego, fui creciendo y me di cuenta de que Alberti era conocido por la gente, pero cuando preguntabas por sus poemas, la gente ya no le conocía tanto.
Pero tuve la suerte de que una de mis profesoras del colegio, era una amante de su obra y nos enseñó muchísimas cosas de él. Fue entonces cuando me di cuenta de la importancia de ese libro, de todo lo que significaba, el mar, las aventuras… Cocorito ha sido uno de los personajes de libro que más he apreciado, por no decirel que más. Que más me ha hecho disfrutar de la lectura, que más me ha transmitido. Crecer junto a Cocorito ha sido todo un placer. Y me emociona saber que he tenido la suerte de que mis padres encontraran estos libros, que me los compraran y haber podido disfrutar de ellos tantas veces he querido. Por todo ello, os doy las gracias, por hacer que libros tan magníficos como lo son estos, lleguen a las manos de la gente y que puedan aprender de ellos y tenerlos como sus pequeños tesoros, porque en el fondo eso es lo que son junto con los recuerdos que en ellos quedan impresos tras leerlos, pequeños tesoros.

Pequeños tesoros

Alba Muñoz Vera

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