oct 312013
 

«El tiempo dedicado a la lectura de libros ha disminuido de manera vertiginosa desde que compite con el sinfín de esas actividades sucedáneas, que cabe calificar así en cuanto muchas de ellas comportan, de hecho, la lectura de textos más o menos extensos, con los que además se interacciona de las más diversas maneras. Así venía ocurriendo ya desde la generalizada implantación del ordenador casero, y luego de los portátiles. Pero de un tiempo a esta parte los teléfonos inteligentes han terminado por ocupar los resquicios cada vez más pequeños en que antes muchos ciudadanos encontraban el tiempo para leer un libro con una mínima continuidad.»

Menos lugar, Ignacio Echevarría en El Cultural 18/10/2013, p. 25