mar 282015
 

MHHoy, 28 de marzo hace 73 años que murió Miguel Hernández. Fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX

Nosotros le recordamos hoy, con el poema Eterna Sombra, recogido en el trabajo que hizo José María G. de la Torre sobre «Miguel Hernández en las aulas»:

«Este último poema de Hernández, «una cantata de dolor» como la definió Leopoldo de Luis, es también, en mi modesta opinión, una autocrítica profunda, un reconocimiento de que las derrotas, igual que las victorias, se gestan y se viven en el interior de cada uno. Por ello cada uno de nosotros, por muy perdedores que seamos en la batalla contra la injusticia, en la batalla por la Libertad, en la batalla por la Vida, tenemos derecho a reclamar, con Miguel, Dejadme la esperanza, porque, como nos enseñó Miguel,

[...] hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida»

 

Diciembre – Capacidad crítica

ETERNA SOMBRA

Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.
Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha.
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

(Otros poemas del ciclo de Cancionero y romancero de ausencias, 137)

Libros de y sobre Miguel Hernández en Ediciones de la Torre