nov 302014
 

Todos nosotros,aunque  no se nos vea mucho,  tenemos  una oreja verde, abierta,vigilante,atenta y libre. Por eso intentamos que la escuela tenga capacidad de cambio, deseo de novedades, y mantenemos las persianas abiertas siempre a las noticias que traen los niños, a los comentarios  que  traen  los padres, a las nanas que traen los abuelos, a las ideas renovadoras y útiles vengan de donde  vengan (p. 18).

La oreja verde de la escuela. Trabajo por proyectos y vida cotidiana en la escuela infantil. Mari Carmen Díez Navarro.
ISBN: 978-84-796–233-8. 16 x 24 cm. Encuadernación en rústica, 206 pp + 16 pp. de láminas. 16,00 € (8,00 € Ebook).

 

may 132013
 

Cuadernos de Pedagogía publica en su número 434, mayo 2013, una amplia entrevista con Mari Carmen Díez Navarro que nuestros amigos lectores conocen bien por los tres libros que hemos publicado de ella, La oreja verde de la escuela, Proyectando otra escuela y Un diario de clase no del todo pedagógico.

El entrevistador, Rafael Miralles Lucena, subraya la «aguda sensibilidad y su profundo y polifacético pensamiento pedagógico» de Mari Carmen. Veamos algunos ejemplos:

«Al principio tenía la sensación de que debíamos enseñar al que no sabe, me tomaba la profesión como una misión apostolar en la que el maestro tenía que saberlo todo y no equivocarse, ser un modelo. [...] Ahora vengo a la escuela a ver qué pasa, vengo a acompañarles. Y siempre aprendo.»

«En vez de obsesionarse con la metodología, el maestro debe preguntarse: “¿Cómo soy yo? ¿Qué les puedo dar?”. No hay que verse como un modelo perfecto sino como un modelo posible.»

«En nuestro trabajo, los maestros erramos, como todo el mundo. Pero en lo que no podemos equivocarnos es en tratar mal a un niño, nunca hemos de faltarle al respeto. No se puede decir ni pensar que un niño “va para delincuente”. Hay que tener siempre un respeto, una esperanza en que ese niño vaya hacia adelante. ¿Cómo le pones vida a una relación e ilusión para que él aprenda, si tú ya lo estás condenando?»

«A los maestros habría que plantearles que dejen de escribir lo que ya está escrito hasta la saciedad, y escribir cosas nuevas, las cosas que pasan a diario con las niñas y niños, las que les llenan los ojos de chispas de curiosidad recién estrenada, las que a nosotros nos llenan de satisfacción ante una tarea bien hecha. »