Mi Miguel Hernández en 12 poemas

José María G. de la Torre, partiendo de toda la obra del poeta oriolano Miguel Hernández, comparte con nosotros una síntesis, estructura en doce valores fundamentales del poeta. en correspondencia con doce de sus poemas.

A continuación podéis ver un vídeo de cada poema escogido, recitado por José María.

«Niño» – Amor a la infancia y a la juventud
Aunque se me pueda acusar de exagerado, desde que conocí este poema sostengo que no hay nada más hermoso en la poesía española sobre la infancia y la capacidad que ella tiene de alcanzar todos los horizontes. Ese niño que es «ala, rueda, torre.  / Pie. Pluma. Espuma. Rayo.» … que puede cabalgar y dominar nuestro planeta, que puede ser el universo mismo, que puede ser el universo «que gira esperanzado.», es una llama encendida para la esperanza de la sociedad.
Por cierto, desde la primera edición de Miguel Hernández para niños, que dio nombre e inauguró nuestra colección más popular, Alba y Mayo, hemos conservado el título y respetado el verso. «creador del alba y mayo». Aunque algunos expertos sostienen que se trata de errata (entienden que debería ser creador de alba y mayo), en nuestra edición de Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, incluimos la postal que el poeta mandó a su mujer, cuyo anverso es un dibujo (que no parece estar realizado por Miguel Hernández) de un niño cabalgando un mundo y el reverso, el poema manuscrito, quizá por algún compañero de prisión de Miguel, pero con una dedicatoria a su hijo del propio Miguel Hernández (lo que demostraría que había leído el texto) donde se lee claramente creador del alba y mayo. A reserva de lo que decidan los filólogos yo creo que no es imposible que Miguel quisiera hacer un solo sustantivo con las dos palabras, alba y mayo, para mejor significar el nacimiento y la plenitud de la infancia.
«El silbo de la llaga perfecta» – Pasión amorosa
No conozco ningún poema que refleje más intensamente la pasión del varón por el sexo femenino. La cruda belleza de estos versos nos muestran un Hernández extremadamente sensual, pletórico de deseo, pero al tiempo profundamente humano. No es un animal el que desea penetrar en la hembra, sino un hombre buscando el amor: «Ábreme, amor, la puerta / de la llaga perfecta.»
«El alma de la huerta» – Amor a la Naturaleza
Es claro que Miguel tiene muchos poemas que cantan a su tierra y por tanto a la naturaleza pero he elegido éste, publicado en Actualidad en julio de 1930, para destacar que incluso a esa edad tan temprana (19 años) ya combinaba Hernández el dominio del lenguaje poético con sus pasiones. Porque el amor a la Naturaleza es también amor al hombre que se integra en ella y reprobación de los poderosos que impiden que esta integración sea armónica. «Barraca que fuiste en tiempos mejores / de fe, de virtudes, de amores, / de paz y alegrías alcázar dorado; / y musa creadora de mil trovadores, / de excelsos cantores, / que bajo la parra que prende a tus pajas dosel encantado / la vida han pasado/ cantando tus gracias con ansias febriles de ser ruiseñores».
«El niño yuntero» – Amor a la libertad y la justicia
Uno de los más conocidos poemas de Hernández y donde la denuncia de la injusticia se hace más intensa. El amor a la libertad y la justicia está en cada uno de los versos de este emocionante poema pero, a pesar de esa fuerza reivindicativa, Hernández no cae en el rencor y en la petición de venganza: inteligentemente hace una llamada a los «que antes de ser hombres son / y han sido niños yunteros».
Llamada que hoy valdría para los que, habiendo sido superexplotados han alcanzado un nivel de vida relativamente acomodado y se olvidan de los que se encuentran en la misma situación que ellos se vieron hace tiempo.
«Romancillo de mayo» – Vitalismo
Este «poema» es un monólogo del personaje Quintín, (el labrador pícaro) en El labrador de más aire, musicado por Juan Manuel Serrat en su primer disco sobre el poeta (omitiendo algunos versos). Aunque otros muchos poemas nos hablan del vitalismo de Miguel, quizá en ningún otro como en este monólogo de Quintín hay una sensualidad, un ardor, una fusión con la naturaleza, una comunión con todo lo que bulle, una alegría tan grande como en este caso. «Campea Mayo amoroso; / el amor ronda majadas, / ronda establos y pastores, / ronda puertas, ronda camas, / ronda mozas en el baile / y en el aire ronda faldas…»
«Las manos» – Honradez
Magnífico canto al trabajo como garantía de honradez. Se dice que Miguel Hernández nunca superó su origen cristiano… pero lo que parece claro es que lo mejor del cristianismo que había adquirido en su breve paso por el colegio de los jesuitas, se había incorporado a su personalidad. «La mano es la herramienta del alma, su mensaje, / y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. / Alzad, moved las manos en un gran oleaje, / hombres de mi simiente.»
«El sudor» – Trabajo y cultura
Serge Salaün, Ramón Gaya, Gil Albert, y tantos otros ponderaron este poema (uno más de los que Hernández hizo apremiado por el tiempo y hostigado por la contienda) como uno de los poemas hernandianos donde se aprecia la prodigiosa capacidad versificadora de nuestro poeta. La vigencia de este poema hoy, sobre todo para la juventud más o menos acomodada que generalmente relaciona el sudor (físico o simbólico) con el deporte o la «marcha», me parece innegable. «Entregad al trabajo, compañeros, las frentes: / que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, / con sus lentos diluvios, os hará transparentes, / venturosos, iguales.»
«Elegía» – Amistad, generosidad
Sabido es que este poema deslumbró a los poetas ya consagrados en España que señoreaban el mundo poético en Madrid, quienes se rindieron al nuevo valor que venía del Levante español, entre ellos Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre, que luego serían premios Nobel. Hay que destacar cómo este poema demuestra que la amistad sincera y generosa neutraliza las diferencias políticas. Porque cuando Miguel le dice a Sijé «con quien tanto quería» (no «a quien tanto quería», error que popularizó Joan Manuel Serrat) es absolutamente sincero, pero no olvida que la vida que los unió, las dificultades de la infancia y la adolescencia en un pueblo de la España profunda, también los ha separado y hasta enfrentado. Pero como con el amigo es siempre imprescindible dialogar antes que pelear, el poeta termina enfatizando este diálogo para cerrar su hermoso poema: «A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero, / que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero.»
«Madre España» – Patriotismo
Lamentablemente, este poema no es muy popular ni se incluye en muchas de las antologías de Hernández. Sin embargo, yo considero que, además de ser uno de sus poemas más hermosos, tiene plena actualidad en este convulso país que nos ha tocado vivir  y por ello debería ser divulgado por todas las fuerzas democráticas y progresistas de nuestro país. Desde sus primeros versos explica y canta la indisoluble unidad que hay entre el hombre y su patria: «Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra, / con todas las raíces y todos los corajes, / ¿quien me separará, me arrancará de ti, / madre?» y sufre por la terrible tragedia que la parte en dos: «España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos». Su patriotismo es firme, superior a cualquier resultado que tenga la guerra fratricida: «no me separarán de tus altas entrañas», y se proyecta a los suyos más allá de la muerte: «Además de morir por ti, pido una cosa: / que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen, / vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,»
«Vientos del pueblo» – Autenticidad y Rebeldía
Miguel Hernández se compromete, hasta la muerte, con la causa que él considera fundamentalmente justa por la que lucha, y denuncia vehementemente a los que, con cobardía y egoísmo, se olvidan de esa causa. Llama a los españoles a su causa, citándolos por sus gentilicios regionales: «Asturianos de braveza, / vascos de piedra blindada,» unificándolos a todos ellos en la lucha contra el enemigo común: «yugos os quieren poner / gentes de la hierba mala, / yugos que habéis de dejar / rotos sobre sus espaldas.»
«Canción del esposo soldado» – Paz
Por encima de las resonancias clasicistas, que los estudiosos han rastreado en este poema y la pasión amorosa, a mí me parece que el valor que da Miguel a la paz, se revela aquí con toda su fuerza. En un ambiente de guerra, el soldado-poeta busca la paz en el futuro. «Para el hijo será la paz que estoy forjando.» Y con ello homenajea a las madres y a sus niños (quizá las mayores víctimas de nuestra terrible Guerra Civil) y, por encima del incierto resultado (incluso con una premonición de derrota) sigue forjando la paz.
«Eterna sombra» – Capacidad crítica y de resistencia.
Este último poema del ciclo de su impresionante Cancionero y romancero de ausencias deHernández, «una cantata de dolor» como la definió Leopoldo de Luis, es también, en mi modesta opinión, una autocrítica profunda, un reconocimiento de que las derrotas («Yo que creí que la luz era mía, / precipitado en la sombre me veo.») igual que las victorias, se gestan y se viven en el interior de cada uno. Por ello cada uno de nosotros, por muy perdedores que seamos en la batalla contra la injusticia, en la batalla por la Libertad, en la batalla por la Vida, tenemos derecho a reclamar, con Miguel, «Dejadme la esperanza», y a seguir resistiendo, porque, como él nos enseñó, «[…] hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida.»

Feria del Libro 2019

¡Comienza la Feria del Libro de Madrid!

Como los últimos 43 años, allí nos tenéis (en esta ocasión caseta 247).

Para celebrarlo, releamos el texto de nuestro director incluido en su libro 35 notas del editor y otros escritos que escribió hace ya 10 años.

Libros señoreando la noche de la ciudad. Nacidos de las necesidades y de los sueños, viviendo entre ellos, explicando las necesidades y los sueños. Historias de pasado, de presente, de futuro… Libros como palomas, para pasar del asfalto a los cielos. Libros como picos y mazas para llegar a las entrañas de la tierra y arrancarle sus tesoros. Libros como azadones, para hacer surcos en la tierra. Libros como semillas, para que broten flores y frutos. Libros como barcos, para cruzar todos los mares. Libros como alas mágicas para surcar todos los espacios 35 notas del editor y otros escritos 155 del Universo. Libros con voces recias y seguras o con voces leves y titubeantes. Libros con preguntas sin respuesta y con respuestas inciertas. Libros para multitudes y libros para sólo unos cuantos lectores. Libros en las calles, en las librerías, en las bibliotecas… Libros en el rincón más pequeño del hogar o en el lugar más destacado.

Libros en las mesas y en las sillas. Libros en la mano del joven enamorado y sobre el regazo del anciano que se durmió leyendo… Libros amenazados por los poderosos y los estultos y libros que inquietan a estos hasta hacerlos temblar. Libros, libros, libros.

José Machado Ruiz, el hermano olvidado

Un esclarecedor artículo de Tomás García Rodríguez en el «Diario de Sevilla».

«La figura de José Machado, hermano de Manuel y Antonio, no ha sido estudiada ni valorada en su verdadera dimensión y no ocupa en la actualidad el lugar relevante que le corresponde. Era una persona muy querida en su entorno, recordada hoy por familiares como un hombre entrañable y presto a realizar cualquier sacrificio por sus allegados, y un gran admirador de sus dos hermanos mayores a los que dedicó buena parte de su tiempo. Creador polifacético y profesor de dibujo, dominaba la pintura, la escritura y otros campos artísticos, aunque por diversas circunstancias, algunas difíciles de explicar, siempre ha sido eclipsado por el prestigio de los dos grandes poetas. Con su impecable escritura era el encargado de pasar a limpio los manuscritos de Antonio, complicados de ordenar y transcribir por sus correcciones y tachaduras, pero que él los supo interpretar con maestría e ilustró algunas de sus publicaciones, siendo consciente de la magnitud del material que tenía entre las manos.»

Leer artículo completo: aquí

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77 sin Miguel Hernández

Hoy hace 77 años de la muerte del poeta Miguel Hernández, nos parece oportuno leer su poema Madre España.

MADRE ESPAÑA

Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra,
con todas las raíces y todos los corajes,
¿quién me separará, me arrancará de ti,
madre?

Abrazado a tu vientre, ¿quién me lo quitará,
si su fondo titánico da principio a mi carne?
abrazado a tu vientre, que es mi perpetua casa,
¡nadie!

Madre: abismo de siempre, tierra de siempre: entrañas
donde desembocando se unen todas las sangres:
donde todos los huesos caídos se levantan:
madre.

Decir madre es decir tierra que me ha parido;
es decir a los muertos: hermanos, levantarse;
es sentir en la boca y escuchar bajo el suelo
sangre.

La otra madre es un puente, nada más, de tus ríos.
El otro pecho es una burbuja de tus mares.
Tú eres la madre entera con todo su infinito,
madre.

Tierra: tierra en la boca, y en el alma, y en todo.
Tierra que voy comiendo, que al fin ha de tragarme.
Con más fuerza que antes, volverás a parirme,
madre.

Cuando sobre tu cuerpo sea una leve huella,
volverás a parirme con más fuerza que antes.
Cuando un hijo es un hijo, vive y muere gritando:
¡madre!

Hermanos: defendamos su vientre acometido,
hacia donde los grajos crecen de todas partes,
pues, para que las malas alas vuelen, aún quedan
aires.

Echad a las orillas de vuestro corazón
el sentimiento en límites, los efectos parciales.
Son pequeñas historias al lado de ella, siempre
grande.

Una fotografía y un pedazo de tierra,
una carta y un monte son a veces iguales.
Hoy eres tú la hierba que crece sobre todo,
madre.

Familia de esta tierra que nos funde en la luz,
los más oscuros muertos pugnan por levantarse,
fundirse con nosotros y salvar la primera
madre.

España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos
de dolor y de piedra profunda para darme:
no me separarán de tus altas entrañas,
madre.

Además de morir por ti, pido una cosa:
que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen,
vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,
madre.

Presentación Democracia Frustrada

El viernes 30 de noviembre estuvimos en la Librería Pasajes para presentar el nuevo libro de José Luis del Hierro; de la mano de Carlos Sanz, Profesor Titular de H.ª Contemporánea de la UCM; Francisco Comín, Catedrático Emérito de la UAH; José Luis del Hierro, autor, José María de la Torre, editor y todo el público que nos acompañó, amigos y lectores, compartimos una tarde muy especial.

Sanz y Comín nos transmitieron sus primeras impresiones al leer el libro, ambas fueron muy buenas, haciendo hincapié en los lectores, de su absoluta recomendación.

José Luis del Hierro nos contó un poco la historia de su libro, desde como lo escribió, cómo nos lo presentó y sobre la temática de su libro.

Muchas gracias a Librería Pasajes por compartir con nosotros ese espacio y a las mas de 40 personas que nos acompañaron esa tarde.

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Homenaje a José López Rueda – Patrocinio Ríos

Reproducimos fielmente el texto de la intervención de Patrocinio Ríos Sánchez en el homenaje celebrado en honor de José López Rueda el día 18 de octubre de 2018 en la biblioteca Elena Fortún de Madrid.

Muchas gracias a todos ustedes por su presencia. Y muchas gracias a Pepa Nieto, coordinadora de “Arco Poético”, por invitarme a participar directamente en el homenaje dedicado a José López Rueda, profesor y escritor que el pasado 22 de mayo habría cumplido 90 años si la muerte no se le hubiese presentado el día 3 de febrero.

Huelga decir que la mejor manera de homenajear a un autor es publicándole sus libros y leyéndolos. Así que también muchas gracias a José María Gutiérrez de la Torre porque acaba de incluir en el catálogo de Ediciones de la Torre uno de los mejores libros de poesía de López Rueda: Crónica del asedio.

1. Breve biografía de López Rueda

Durante aproximadamente diez años he mantenido una relación de amistad con José López Rueda y destacaría que siempre tuvo una palabra amable y una actitud ejemplar, recta, no exenta de un humor sutil y una cordialidad abierta. Nunca le faltaba una sonrisa complacida, que a mí me parecía brotar de una serenidad interior. Guardaba una prudente reserva en las conversaciones de grupo. Cuando intervenía lo hacía con tranquilidad, con sosiego. Siempre le vi lejos de la arrogancia y del orgullo, ajeno a toda vanidad. Le adornaban virtudes como el estudio, la cordialidad, la templanza, la tranquilidad, la modestia. López Rueda coadyuvaba discreta y pacíficamente, con su palabra y con su presencia, al bienestar del prójimo y de la sociedad.

1.1. Docencia universitaria en Ecuador, Venezuela, Taiwán y USA

Nació en Madrid el 22 de mayo de 1928 y murió el 3 de febrero de 2018. En 1952 terminó Filología Clásica en la Universidad Complutense y permaneció en España hasta 1955. Entonces, con 27 años, decidió trasladarse a América. Entre 1955 y 1965 impartió clase en la Universidad de Cuenca (Ecuador). Luego, entre 1965 y 1976, en la Universidad de Oriente, en Cumaná (Venezuela), a orillas del Caribe. Durante ese periodo vino a España y permaneció dos años para obtener el grado de doctor. Su tesis, Helenistas españoles del siglo XVI, recibió el premio extraordinario (1970). Volvió a Venezuela y desde 1976 y hasta 1988 ejerció la docencia en la prestigiosa Universidad Simón Bolívar. En ella fue catedrático, coordinador de los Estudios de Posgrado en Literatura Latinoamericana y de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales. También enseñó como profesor visitante en las Universidades de Tamkang y de Furen (Taiwán, 1988-1990).

Volvió a Madrid en 1990 y aquí terminó su carrera profesoral dirigiendo en Alcalá de Henares el Programa académico de la Universidad Bowling Green de Ohio (USA) desde 1991 a 1999. Dentro de este periodo pasó dos semestres en USA, en 1994 y en 1998. Ha vivido fuera de España desde su juventud hasta la llegada de la senectud y de la jubilación. Total, más de 30 años de docencia universitaria en el exterior.

1.2. Condiscípulos en la Universidad Complutense

En la Universidad Complutense de Madrid fueron condiscípulos suyos Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Medardo Fraile y otros. Precisamente Medardo Fraile comienza así el apartado III del capítulo 9 de El cuento de siempre acabar. Autobiografía y memorias:

“Acabo de escribir que conocí a Paito en la casa -Doctor Esquerdo, número 43- de Carmina [Carmen Martín Gaite] y Rafael [Sánchez Ferlosio], pero claro está que a Rafael Sánchez Ferlosio lo conocí antes en la Facultad de Letras, aún soltero, como estábamos todos, Fernández Santos, Aldecoa, Alfonso Albalá, Guerrero Zamora, López Rueda, Álvaro Galmés, Manuel Seco, Emilio Lledó, y tantos otros que se pierden en mi memoria, como si llegaran tarde para el retrato escolar. Los cuatro últimos eran muy estudiosos”.

Nos dice también Medardo Fraile que el joven López Rueda, que era, en efecto, “un excelente estudiante de griegos y latines” (264), “fluctuaba, con días amargos, entre enclaustrarse en el Griego y el Latín o liberarse románticamente haciendo poesía y, poco a poco, pudo compaginar muy bien ambas tendencias. Pasaba tardes enteras trabajando en la biblioteca del Ateneo y fue uno de mis mejores amigos de los veinte años” (299-300).

2. Obra

Casi toda la obra escrita ha surgido durante su estancia en los diversos países donde ejerció su labor docente. Cuantitativamente supera la veintena de libros y tiene dos caras: la ensayística o investigadora y la de creación.

2.1. En el apartado de los ensayos y la investigación sobresalen tres títulos:

Helenistas españoles del siglo XVI, Madrid, Instituto ‘Antonio de Nebrija’, 1973. Como dije, fue su tesis doctoral, galardonada con el Premio Extraordinario en la Universidad Complutense (1970).

Rómulo Gallegos y España, Caracas, Monte Ávila, 1986. Premio Andrés Bello de la Universidad Simón Bolívar de Caracas.

González de Salas, humanista barroco y editor de Quevedo, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2003.

2.2. Literatura de creación

En su literatura de creación destacan la poesía y la narración. Aparte los cuentos, yo subrayo Aldea 1936. Esta novela se había publicado en Cuenca (Ecuador) en 1958 y en 2011 la reeditó en España José María de la Torre. Juan Cano Ballesta le puso un prólogo y terminaba diciendo que Aldea 1936 “nos ofrece el retrato simbólico de aquella España entregada a la orgía parricida de una atroz guerra civil”.

Pero López Rueda es sobre todo poeta y como tal ha publicado varios libros. En este género lírico ha recibido el primer premio de poesía en el Concurso Nacional Alfonso Reyes (Quito, Ecuador, 1958), la primera mención de honor en el Concurso Nacional de Poesía promovido por el diario El Universo de Guayaquil en 1959 y el premio José Chacón (Ayuntamiento de Alcalá de Henares, 1992). Componen la obra poética 10 libros, tres de ellos inéditos:

Soledad y memoria, Ecuador, Universidad de Cuenca (Ecuador), 1958[1].

Testimonio de sombra, Universidad de Cuenca [Ecuador], 1963, (Graf. Universidad de Cuenca)[2].

Cantos equinocciales, Madrid, Ágora, 1977. (El autor declara que en este libro “está presente toda mi experiencia americana, los paisajes del continente, sus habitantes y también toda mi nostalgia”).

Crónica del asedio, Madrid, Colección Pórtico 3, 1983[3].

Cuaderno de Tamkang, Madrid, Bowling Green State University, 1996.

Fervor secreto, pr. de Medardo Fraile, Madrid, Verbum, [2002]. Apareció en 1959[4].

Espinelas del abuelo, Madrid, Colección Pórtico 3, 2007[5].

3. Crónica del asedio

Entre los libros de poesía adquiere relevancia Crónica del asedio, de cuya reedición en la mencionada editorial he sido el preparador.

3.1. La doble realidad

Creo que en este libro está representada la doble la realidad de José López Rueda: la realidad visible y la realidad interior que discurre por los adentros del ser.

La observación de la realidad desde ese doble enfoque me recuerda el cuadro de Rafael Sanzio titulado La Escuela de Atenas, famoso fresco pintado para la Stanza della Segnatura en el Vaticano por encargo de Julio II a principios del siglo XVI. Aparecen en él varios grupos de personas de la antigüedad: matemáticos, filósofos, artistas, geógrafos, científicos y el propio Rafael. Todos en movimiento. La escena tiene lugar en un sólido edificio con una perspectiva de tres arcos. En la parte central del último se recortan las figuras de Platón y Aristóteles sobre un fondo azul. Platón, con larga barba, lleva en su mano izquierda el Timeo. Con la mano derecha señala al cielo, al mundo de las ideas. Aristóteles porta la Ética en la mano izquierda y orienta la derecha hacia el suelo, a la realidad física.

Esas dos realidades apuntadas por los dos filósofos clásicos son las que encuentro representadas en sendos apartados de Crónica del asedio: la realidad sensible y esa otra realidad que se percibe con los ojos del espíritu y se palpa con el tacto inmaterial. La primera de las dos secciones se titula “Desfile de catorces” y la componen 35 sonetos. La segunda da título al libro y consta de 52. Total, 87 poemas.

Los motivos temáticos de la primera parte son diversos, unos europeos y otros americanos. En ellos capta un hecho (a veces aciago o censurable), transmite una impresión, un sentimiento, una sensación, un viaje, una evocación histórica o artística y musical. Espacio destacado ocupa Grecia, a la que dedica 11 sonetos de los 35. Claramente muestran que el autor es a la vez un filólogo clásico.

Los 52 sonetos de la sección segunda son íntimamente confesionales. Queda consignada en ellos la batalla de la vida interior, la meditación, el recogimiento, la reflexión, el asedio al Invisible. Este medio centenar de sonetos constituye el camino espiritual de López Rueda. Por esa galería del alma fluyen dos tradiciones espirituales: la oriental y la occidental cristiana. Eso le confiere a Crónica del asedio una importante particularidad temática.

3.2. Notas de estilo

El lector advierte en seguida el virtuosismo para la composición del soneto y la elegancia y novedosa capacidad de metaforización. Al componer un libro con esta estrofa clásica parece obedecer López Rueda a aquel consejo que fray Luis de León brindaba al licenciado Juan de Grial. Este poeta del Renacimiento componía una poesía fundamentalmente latina y su amigo fray Luis exhortaba “Al licenciado Juan de Grial” a continuar en esa línea clásica con estos versos:

“Escribe lo que Febo

te dicte favorable, que lo antiguo

iguala y pasa el nuevo

estilo […]”.

“Lo antiguo -asevera fray Luis- iguala y pasa el nuevo/ estilo”. Aplicando esta recomendación al caso de López Rueda significa que este libro de sonetos que forman Crónica del asedio no sólo iguala sino que pasa a muchos libros publicados por poetas de su generación o de otras posteriores y no muy partidarios de tal estrofa. Pero Unamuno, cultivador frecuente del soneto, decía a propósito de esta composición de origen italiano en De Fuerteventura a París. Diario íntimo de un confinamiento y destierro vertido en sonetos: “¡Qué intensidad de emoción no alcanza un sentimiento cuando se logra encerrarlo en un cuadro rígido, en una forma fija, cuando se consigue hacer un diamante de palabras con sus catorce facetas lisas y brillantes y sus cortantes aristas!”.

4. Carta de Gerardo Diego y algunos sonetos de Crónica del asedio

Por su parte, Gerardo Diego, gran sonetista también, destacó el virtuosismo del autor de Crónica del asedio en una carta inédita fechada el 12 de enero de 1984 y que ahora se publica en este libro. De ella extraigo este párrafo:

“Dentro de la perseverancia en la forma del soneto en sus dos partes, el triunfo del artífice sobre la materia es constante y tiene para mí muestras tan emocionantes como “Cátedra de fray Luis de León en Salamanca”, el segundo soneto de “Re­tablo”, tan bellamente concebido y resuelto, el de Beethoven, el dedicado a la ola, la “Oda pequeña a mi Volkswagen” y así sucesivamente. La serie de Grecia es toda una lección de helenismo”.

Quiero terminar mi intervención haciéndoles llegar a ustedes algunos de los sonetos de Crónica del asedio. Eso es lo importante hoy para honrar la memoria de José López Rueda. Pertenecen a las dos realidades señaladas. Pero permítanme antes, queridos amigos, referirme de nuevo a la oda de fray Luis de León a Juan de Grial. Comienza así:

“Recoge ya en el seno

el campo su hermosura, el cielo aoja

con luz triste el ameno

verdor, y hoja a hoja

las cimas de los árboles despoja”.

Después de esta localización temporal, fray Luis comparte con su amigo esta invitación: “El cielo nos convida/ A los estudios nobles […]”. Oportuna proposición para este octubre. Yo la hago mía y, a su vez, la comparto con ustedes.

Muchas gracias

Patrocinio Ríos Sánchez, 18 de octubre de 2018

[1] Reseñado por Ezequiel González Mas, “Soledad y memoria de José López Rueda”, El Telégrafo, Guayaquil, 6 de julio de 1958, que no he podido consultar; y Luis López Martos, “Soledad y memoria de José López Rueda”, Ágora, núm. 25-26, Madrid, noviembre-diciembre de 1958.

[2] Antonio Buero Vallejo envió un tarjetón a López Rueda el día 24 de enero de 1963 y escribe: “Pienso que a Unamuno o a Machado les habría gustado su Testimonio de sombra, y a mí también”.

[3] Reseñado por Francisco Belda [Planas], “Un libro de sonetos”, en El Universal, Caracas, 23 de diciembre de 1984 (p. 11); y María Teresa Bertelloni, “La irrenunciable necesidad de la poesía: Crónica del asedio de José López Rueda”, en Encuentros 1993 (anuario de poemas, ponencias y comunicaciones), ed. de Juan Ruiz de Torres, Madrid, Academia Iberoamericana de Poesía, 1993.

[4] Reseña de Medardo Fraile, “El Fervor secreto de José López Rueda”, Arriba, Madrid, 8 de febrero de 1959. Reproducida en la ed. de 2002.

[5] Permanecen inéditos: “USA Song” (1998), “Iberiada” (1999), con cierta visión noventayochesca, y “Ciclón de luz” (2000). Sobre el inédito “Iberiada” ha manifestado el autor: “A este poemario, don Miguel de Unamuno lo llamaría ‘Andanzas y visiones españolas’. Lo fui componiendo durante la última década del siglo pasado en que como director del programa en España de la Universidad de Bowling Green (USA), recorría todos los años los campos y ciudades de la Península con mis estudiantes norteamericanos. En estos poemas, arde mi pasión (crítica y a ratos noventayochesca) por España”. (https://biblioteca.ucm.es/escritores/ jose_lopez_rueda/obras/obr474.php).

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