Aquella mañana llegué a la caseta 345 de Ediciones de la Torre a las 9:30, cuando la Feria del Libro de Madrid todavía estaba empezando a desperezarse. Antes de la apertura, todo tenía ese aire de calma tensa de los momentos previos a algo importante. Tocaba dejarlo todo listo: colocamos marcapáginas y folletos para que los visitantes pudieran cogerlos con facilidad, terminamos de ordenar los libros en las estanterías y fuimos repasando los últimos detalles de la caseta.
A las 10:30 subimos la persiana y la Feria empezó para nosotros. Lo bonito fue que el primer visitante del día no fue un desconocido, sino alguien que formaba parte de mi propia historia: el padre Alfonso, que fue mi profesor de Lengua y Literatura en primero de Bachillerato. Me hizo especial ilusión reencontrarme con él allí, precisamente en una caseta llena de libros. Estuvimos hablando de los títulos de Cuentos de la mitología vasca y Cuentos de la mitología celta de la colección Alba y Mayo Narrativa, y durante unos minutos sentí esa extraña y maravillosa mezcla entre pasado y presente que a veces regalan los libros: como si todo encajara de una manera natural.
Pero la mañana todavía guardaba una sorpresa mucho mayor. Sobre las 10:50 se acercaron a la caseta varios señores trajeados del protocolo de la Casa Real para avisarnos de que, con motivo del cincuentenario de Ediciones de la Torre, Su Majestad la reina Letizia quería visitar nuestra caseta para felicitar a José María, fundador y director de Ediciones de la Torre. Recibir aquella noticia en mitad de la inauguración fue uno de esos momentos en los que todo se detiene un segundo y cuesta creerse lo que acabas de escuchar.
Poco después, hacia las 11:05, llegó la reina. Nos saludó uno por uno y felicitó a José María por los cincuenta años de trayectoria de la editorial. Fue una visita breve, pero muy significativa y emocionante para todos los que estábamos allí. José María y la reina hablaron sobre el futuro del libro y de la propia editorial, en una conversación que, por lo que representaba el momento, tenía algo de reconocimiento y también de confianza en todo lo que aún está por venir. Como obsequio, le entregamos tres libros: 40 miradas sobre el libro y su futuro, Antología poética del paisaje de España y El sueño de Laura Blasco.
Después de la visita llegó otra escena muy propia de la Feria, aunque en versión extraordinaria: los medios de comunicación se volcaron enseguida con José María. Querían saber de qué habían hablado, qué impresión había dejado la reina y qué libros se había llevado. Durante buena parte de la mañana la caseta se convirtió, casi sin buscarlo, en uno de los puntos más observados de la inauguración. A lo largo de esas horas nos entrevistaron TVE Informativos, TVE 24 Horas, Canal Real, Onda Madrid, Vanity Fair, La Sexta, ABC y La Razón, todos interesados en recoger lo que acababa de suceder en nuestra caseta.
Y, sin embargo, incluso después de un momento tan poco habitual, la Feria siguió su curso con esa mezcla tan suya de acontecimiento y cercanía. Hacia las 13:00 vino nuestra autora Olira Blesa para presentarnos a su hijo pequeño y llevarse un ejemplar de su libro, Inés más allá del firmamento de agua. Fue una visita entrañable, de esas que recuerdan que una editorial no es solo un catálogo o una caseta en una feria, sino también una red de personas, afectos e historias compartidas.
Más tarde, sobre las 13:30, Francisco García Novell, que estaba firmando ejemplares de su novela El sueño de Laura Blasco, se encontró con una amiga que llevaba unas gafas muy chulas. Puede parecer un detalle pequeño, pero precisamente de esos detalles también está hecha una feria: de encuentros inesperados, conversaciones espontáneas y escenas que quizás no salgan en las fotos oficiales, pero que son las que le dan vida real al día.
A las 14:00 empezamos a bajar la persiana y con ello terminó nuestra mañana de inauguración. Tocó recoger un poco, ordenar de nuevo la caseta y dejarlo todo preparado para volver por la tarde y seguir viviendo esta experiencia. Cuando por fin paramos, me quedó la sensación de haber vivido una mañana difícil de olvidar: una de esas en las que caben el trabajo silencioso de preparar una caseta, la emoción de un reencuentro, la sorpresa de una visita real, el revuelo de los medios y, por encima de todo, la alegría de formar parte de la Feria del Libro de Madrid desde dentro.
Para quienes estuvimos allí, no fue solo una mañana de apertura. Fue una mañana de esas que recuerdan por qué siguen importándonos tanto los libros, las editoriales y todo lo que sucede a su alrededor.
Por Miguel Ángel Solís Villasante.

Foto de Casa Real.









