Archivo de la categoría: Efemérides

77 sin Miguel Hernández

Hoy hace 77 años de la muerte del poeta Miguel Hernández, nos parece oportuno leer su poema Madre España.

MADRE ESPAÑA

Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra,
con todas las raíces y todos los corajes,
¿quién me separará, me arrancará de ti,
madre?

Abrazado a tu vientre, ¿quién me lo quitará,
si su fondo titánico da principio a mi carne?
abrazado a tu vientre, que es mi perpetua casa,
¡nadie!

Madre: abismo de siempre, tierra de siempre: entrañas
donde desembocando se unen todas las sangres:
donde todos los huesos caídos se levantan:
madre.

Decir madre es decir tierra que me ha parido;
es decir a los muertos: hermanos, levantarse;
es sentir en la boca y escuchar bajo el suelo
sangre.

La otra madre es un puente, nada más, de tus ríos.
El otro pecho es una burbuja de tus mares.
Tú eres la madre entera con todo su infinito,
madre.

Tierra: tierra en la boca, y en el alma, y en todo.
Tierra que voy comiendo, que al fin ha de tragarme.
Con más fuerza que antes, volverás a parirme,
madre.

Cuando sobre tu cuerpo sea una leve huella,
volverás a parirme con más fuerza que antes.
Cuando un hijo es un hijo, vive y muere gritando:
¡madre!

Hermanos: defendamos su vientre acometido,
hacia donde los grajos crecen de todas partes,
pues, para que las malas alas vuelen, aún quedan
aires.

Echad a las orillas de vuestro corazón
el sentimiento en límites, los efectos parciales.
Son pequeñas historias al lado de ella, siempre
grande.

Una fotografía y un pedazo de tierra,
una carta y un monte son a veces iguales.
Hoy eres tú la hierba que crece sobre todo,
madre.

Familia de esta tierra que nos funde en la luz,
los más oscuros muertos pugnan por levantarse,
fundirse con nosotros y salvar la primera
madre.

España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos
de dolor y de piedra profunda para darme:
no me separarán de tus altas entrañas,
madre.

Además de morir por ti, pido una cosa:
que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen,
vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,
madre.

180 años Rosalía de Castro

Hoy hace 180 años que nacía la poetisa Rosalía de Castro. Es la figura más representativa y simbolizadora de la literatura Gallega.

Hemos escogido un fragmento de su libro En las orillas del Sar, un viaje a su intimidad, sin retorno y sin esperanza.

A través del follaje perenne
que oír deja rumores extraños,
y entre un mar de ondulante verdura,
amorosa mansión de los pájaros,
desde mis ventanas veo
el templo que quise tanto.

El templo que tanto quise…,
pues no sé decir ya si le quiero,
que en el rudo vaivén que sin tregua
se agitan mis pensamientos,
dudo si el rencor adusto
vive unido al amor en mi pecho.

Rosalía de Castro para nenos, Edición preparada por M.ª Victoria Álvarez e ilustrada por Celso Dourado.

Efemérides | María Teresa León

Hoy hace 28 años que fallecía María Teresa León. Su vida entera fue una continua defensa de la libertad, por la que luchó y que la condujo, junto a su marido, Rafael Alberti a un exilio de treinta y ocho años.

Nosotros, en 1990 editamos su libro Rosa-fría, patinadora de la luna, ilustrado por Rafael Alberti.

Hoy, para recordarla, queremos compartir la poesía que escribió Alberti con el mismo nombre que su libro.

Ha nevado en la luna, Rosa-fría.
Los abetos patinan por el yelo, 
tu bufanda rizada sube al cielo, 
como un adiós que el aire claro estría.

¡Adiós, patinadora, novia mía! 
De vellorí tu falda, da un revuelo 
de campana de lino, en el pañuelo 
tirante y nieve de la nevería.

Un silencio escarchado te rodea, 
destejido en la luz de sus fanales, 
mientras vas el cristal resquebrajando…

¡Adiós, patinadora!
El sol albea 
las heladas terrazas siderales, 
tras de ti, Malva-luna, patinando.

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17 años sin Alberti

Hoy se cumplen 17 años de la muerte del  poeta Rafael Alberti, y qué mejor poema para recordadle que «Rafael y el levante», poema que dedicó Marina Casado al poeta en su libro Mi nombre de agua

RAFAEL Y EL LEVANTE

Alguien reía junto a la orilla.
En una playa que se escapaba al tiempo
donde a lo lejos,
tímidamente suspendidas sobre el acantilado,
se levantaban mis miradas.
Lo veía jugar, incandescente,
rodeado de azules y blancos gaditanos,
y en sus ojos de cielo
descansaba la espuma del Atlántico.
Sus temblores de niño de principios de siglo
hablaban ya de versos tachonados de nube,
de enigmas vanguardistas, de ángeles sombríos,
de sangre de acuarela derramada en sonetos
y en palomas ligeras, filarmónicas,
que confundían dulcemente la noche y la mañana.
Y aquella playa era su playa.
La Andalucía rota de cante jondo y de luceros
desgarraba la realidad como en un sueño,
dibujándolo a él en cada sacudida:
a él y a aquella infancia ciega
que respirase para siempre en cada verso.
El levante es locura disfrazada de viento:
azules que se mezclan con épocas remotas
y con atardeceres de poesía que nunca contemplé,
donde jugar en una playa
era apenas el único horizonte recordado.

Volvería una y otra vez sobre tus aires, Cádiz;
regresaría para desvanecer crepúsculos y lágrimas,
colorear inviernos,
imprimir lunas en forma de baladas
y soñar con aquella silueta de contrapuntos italianos
que me regala una mirada pícara
antes de desteñirse nuevamente
bajo el pincel del tiempo.