Bella vellosa

Parecen hermosas, son hermosas y bonitas, simplemente así. Como en un cuento de esos de princesas, en el que las jovencitas visten de gala y los altos peinados predominan. Todas son lindas y atractivas. Así, a través de los tiempos, dentro y fuera de los libros de historias mágicas, con corona y sin corona. Con canas y signos de expresión o sin ellos, con sedosas cabelleras o manos de trabajo. Son atractivas, son agraciadas con o sin pelo. En este cuento las cosas son de otro modo, porque es realmente extraño encontrar en nuestros cuentos mujeres peludas. Hay hombres lobo, cazadores de todo tipo (velludos) y personajes con grandes barbas como los magos. ¿Y dónde quedaron las damas? por eso y para que no haga falta imaginarlas, las mujeres también forman parte de los personajes velludos.

Empiezo este cuento con el entusiasmo de contar lo que le sucedió a cuatro bellas mujeres, no reinas, no princesas ni heroínas, sencillamente así, cuatro simpáticas y bonitas mujeres. Y quisiera contarlo para tratar de descifrar aquella obstinación de la mujer por permanecer desnuda. No me refiero precisamente a estar en cueros sino de pelarse para parecer atractiva. Quitarse los vellos pudo ser una tarea más para los varones y desde tiempos antiguos. No sabemos cuando ni en qué momento, pero según la televisión, podemos apreciar a hombres sin barba desde décadas muy pero muy pasadas. En mi caso, cuando era pequeña recuerdo cuando mi padre se llenaba el rostro con una extraña espuma, yo era una niña y al observarlo se me figuraba un merengue humano o peor aún, parecía un perro de esos que espumean por la rabia. Posteriormente ver las cortadas de la cara por la navaja de afeitar era realmente desagradable, pero él siempre se justificaba diciendo que se le había pasado la mano.

Nos consta entonces, que los hombres en su mayoría (para no generalizar) y desde hace mucho, se han preocupado por afeitarse la barba, las patillas y el bigote. Incluso han pagado porque se las afeiten. Acuden a las barberías, peluquerías o a cualquier lugar de esos para fomentar la vanidad humana. Con el tiempo crearon diversos estilos para sus personalidades y asisten con tanta constancia a las peluquerías que hasta el barbero los conoce, y afirmo que para algunos, la peluquería se convierte en extensión de su persona. Otros en cambio, ni siquiera se preocupan por los vellos del rostro y andan por el mundo con patillas largas, barba de chivo y bigotes espesos. Los masculinos, así y hasta la fecha, se han dado a la tarea de conseguir y usar objetos de afeitar para limpiarse las culpas peludas del rostro. Algunos caballeros quedan tan suaves que dejan apreciar su barba partida, pero apenas no se rasuran y parecen al tacto, lijas rasposas.

Pero aquí y ahora, la esencia de nuestro cuento son las mujeres. Para ello, partiremos de la idea de que un día a alguien (seguramente a un hombre) se le ocurrió que la mujer tendría que parecer melocotón o durazno, un fruto de piel fina y tersa, lejos quizás de parecer un nopal espinoso. A ese alguien se le ocurrió también que, una señal de feminidad era precisamente la de tener una piel antojadiza al tacto, una piel pareja sin rastros de pelo ni abolladuras.

Después y poco a poco, cuando la censura se fue perdiendo, la televisión nos bombardeo la mente con mujeres atractivas, suaves y bronceadas. Los torpedos televisivos anunciaron cientos de productos para erradicar los vellos del cuerpo femenino: Pomadas, máquinas calientes, maquinas frías, rastrillos eléctricos, cremas, ceras, parches y toda clase de inventos antipelos de mujer. En los días de verano, el uso del traje de baño diminuto fue el causante de que se llevara a cabo la “operación bikini”, consistente en la eliminación (por cualquier vía) de los vellos que enmarcan la zona púbica. Y es que si los trajes de baño fueran más tapaditos, no se tendría que estar enseñando esa porción de pelos a nadie, sería una parte misteriosa, un lugar íntimo y oculto. ¡Pero no! ¿Qué sucede? el excedente de vello ante los minúsculos calzones tuvo entonces que ser eliminado como signo de estética, higiene, belleza o de sepa qué. La cultura nos dio la lección de que, entre más desnuda de ropa, más rasurada de todas partes. Y bien, para dar paso a nuestro cuento, suspiro con la idea presente que en el afán de gustarle a los caballeros, las mujeres han hecho cosas descabelladas para lucir bellas y…

Erase una vez cuatro bellas mujeres de las que hablé al principio, y lo que digo en este cuento les sucedió en un momento de esos, en el que el ocio se apodera de las mentes. Estaban en su casa, para ser precisa en el baño, un baño bello y amplio de azulejo color de rosa. Eran mujeres agradables y con libertad de embellecerse a su antojo, pero para conocerlas mejor tendré que describirlas brevemente:

Hermana mayor (Gilda Vella): Mujer de tez blanca, chaparrita (baja estatura), cabello negro y muy bien parecida.

Hermana intermedia (Paulette Vellona): Tez blanca, de cabello ondulado (ni chino ni lacio sino todo lo contrario), rellenita (un poco pasadita de tortas diría ella) y cejas pobladas.

Hermana menor (Marilen Vellina): Morena, flaca como alfiler (en ese entonces). De cabello rizado y oscuro, con características poco similares a las de la familia de ocho hermanos. (Lo cual hasta la fecha ha sido motivos de sospecha en contra de la madre).

Cuñada de todas las hermanas anteriormente mencionadas (Leti Sinfre): Mujer morena, de cabello corto y poblado, de raza “culichi” (mucha nalga y poca chichi) motivo por el cual el esposo de la misma fue idiotizado, con experiencia en la estética y artes de la peluquería (por lo que creemos que ese fue el detonante de los hechos ocurridos ese día, ya que en lo archivos no contamos con fechas exactas).

Entonces y para no hacerles el cuento más largo, estaban las cuatro reunidas, en el baño que se hacía pasar como un gran laboratorio de belleza. La hermana mayor, Gilda Vella; decidió depilarse para ir a la playa, pero aunque en ese entonces la tecnología antipelos no había avanzado tanto, la experta en peluquería sabía perfectamente que hacer. Leti Sinfre, la cuñada “culichi” calentó en un deforme recipiente metálico cera para depilar. Durante el proceso para derretir la cera le pidieron a Gilda Vella que se descubriera las piernas. Sus pantorrillas eran peludas, pero de un vello suave y delgado, no era escandaloso ni grueso. Entonces, Leti Sinfre tomó un poco de cera con un palo de madera plano y la untó en la pantorrilla, paciente y suave, como acariciando la pantorrilla de Gilda Vella. Dejó enfriar un poco y ¡zas! dio un tirón de manera violenta a la cera ya fría, sólo pudimos ver sus vellos sujetos a aquella pegajosa sustancia. Después le depiló la otra pierna, después los brazos y parte de las patillas. En el baño se escucharon gemidos de dolor y en ese momento solo se dejaba ver a una valiente mujer retorciéndose en la silla.

Con la piel enrojecida y el sudor en la frente, todas le pidieron que resistiera, que sería cuestión de minutos. Sus piernas y brazos quedaron lejos de ser un durazno rosado, porque se asemejaban a la piel amarilla de un pollo, con los poros inflamados por el tirón y enrojecidos en el centro. Al parecer, aquel tormento no le había bastado, seguramente vinieron a su cabeza los tragos, el verano, el mar, su hombre y……los vellos del área bikini entonces no tuvo más remedio que pedir que se le depilara con cera sus partes privadas.

Aquella dolorosa acción solo le hacía respirar agitadamente:

-Tranquila, sentirás caliente y solo será en las orillas, cerca de las ingles. ¿Aguantas?

Le decían entre todas.

-Respira, respira, y no te muevas.

-Bien, dejamos que se enfríe y…

Leti Sinfre acto seguido tiró de la cera a todo lo que da, de un solo movimiento, rápido y preciso.

Solo se veían los ojos de Gilda Vella abiertos y redondos como platos al borde de las lágrimas y su cara llena de sudor. Marilen Vellina pensaba a sus adentros “Ah, pero qué tal, quieres andar luciendo tu bikini ¿no?, de tonta me afeito el bigote, y pues que pena, te falta el otro lado”. Leti sin piedad, enseguida le colocó cera en el otro costado de la zona púbica rogando que aquellos labios no gritaran, y así concluyó la dolorosa sesión para Gilda Vella.

Paulette Vellona solo se dejó depilar las piernas y una vez en la silla se dejó quitar algunos vellos de las cejas que enmarcaban sus ojos. Le crecían tanto que se unían al centro y el color de ellas era realmente oscuro haciendo resaltar aún más su rostro de piel blanca. Ella, por haber sido un fiel testigo de la tortura anterior prefirió no someterse a la cera caliente en la zona del bikini, al final de cuentas prefería llevar un traje de baño más discreto, uno que le tapara todo. Cuando Leti terminó con la sesión de Paulette le acarició las cejas con una crema espesa y de olor agradable, todo era cuestión de que se le bajara la inflamación.

Marilen Vellina desde su posición observaba aquel ritual de belleza azorada, asustada e interrogante. Por un momento se figuró a algunos caballeros en el ritual, comprendió que en estos casos ser lampiños sería un beneficio, de lo contrario tendrían que sumergirse en cera o usar navaja en todo el cuerpo incluyendo glúteos y pecho. Sumergida en sus pensamientos se sobresaltó cuando la llamaron a la silla de la tortura, el miedo se apoderó de ella, no sabía si correr o quedarse quieta y acceder. Marilen se quería con sus cejas, con su bigote, con sus patillas y su cabellera espesa (no la figuren como a un oso peludo ni una mujer cavernícola, no es para tanto) pero así como estaba, era bella.

Y es que Marilen se sentía bien así. Pero un día, presa de la vanidad, se despertó criticando los vellos de sus pantorrillas, entonces solo le bastaba seguir los pasos de los anuncios televisivos para afeitarse. Una vez en el baño se separó de la regadera y el chorro del agua, hizo una espuma blanca con jabón parecida a la crema batida de un postre, se la puso en las pantorrillas y empezó a quitarse los vellos con una navaja de afeitar. No eran muchos, todo parecía normal incluso después de secarse pero… ¡qué horror! en días no se le quitó la comezón, parecía perro con pulgas, se rascaba y se rascaba. Sus vellos empezaron a brotar al cabo de unos días. Primero parecían pequeñas espinas de nopal, derechitas y gruesas, después sus vellos se hicieron más grandes, no sabía si quitárselos o dejarlos crecer, era un pica pica, irritación, rascada y movimiento, en privado y en público, por lo que agradeció no haberse depilado las zonas privadas (bonita se hubiera visto rascándose en público su púbico). Por eso, ese día y con ellas, se negó rotundamente a la depilación, con una precisa y voz firme les dijo que prefería quedarse con sus hermosos vellos.

Pero en esa reunión, una vez concluida la depilación de Gilda y Paulette surgía un plan malévolo, las tres bellas hermanas se convertían en las actoras intelectuales de un complot contra su cuñada. Se dieron cuenta de algo: A Leti Sinfre le sobraba cabello (y eso que lo tenía corto) ¡le abundaba el cabello y le faltaba frente! Sinfre estaba sin frente. Su pelo le crecía en la mayor parte de ella. La observaron, soltaron algunas carcajadas y le dijeron:

-Oye, como que tu cabello se te junta casi con las cejas, es como si los vellos de la espalda se te juntaran con el coxis ¿no?

-Tendrás que someterte a una depilación express- Afirmaron con seguridad.

Leti aterrada y a punto de huir hizo el intento por abandonar la sesión quita pelos, pero eran tres contra una, así que fue imposible. La sentaron cómodamente en la silla, la motivaron a respirar y le recordaron que solo era una depilación de frente (para su mala suerte nunca llevada a cabo). Trató de darles indicaciones (las cuales no fueron escuchadas) y a sugerencia de Paulette prefirieron no usar la cera caliente puesto que sería un peligro (hablando de vellos, para sus bellos ojos) entonces, con finura y elegancia como a un médico con asistentes en el quirófano le pasaron un lápiz por la frente (no se preocupen, no era para depilarla ni torturarla) Paulette le dibujó un semicírculo en donde, según su percepción, tendría que empezar la frente, después tomó un pequeño rasurador eléctrico y empezó a quitarle el exceso de cabello, le dio varias pasadas hasta despejar su frente.

Leti por fin tenía forma de rostro humano, su frente quedó despejada y depilada, porque de lo contrario y de no haber sido así, seguramente el cabello le habría tapado hasta los ojos. Pero bueno, en la parte rasurada solo se veían muchos poros abiertos, parecía un cuero cabelludo recién rapado, aquella parte tomó un color entre verde y gris. Paulette, tomó un espejo y con una sonrisa al borde de la carcajada, le mostró a Leti su nuevo rostro. Ya sin remedio Leti sonrío ante su nueva imagen. Lucía una bella frente aunque para su gusto muy grande. Reconoció que el acto había sido un éxito y que tendría que tapar aquel nuevo pedazo de frente con algo de maquillaje para atenuar los tonos verdosos. Y así, al final de esa rasurada las cuatro hermosas mujeres se miraron mutuamente, sonrientes y satisfechas. Descansaron de la sesión de belleza, pendientes, interrogantes y adoloridas, ideando otra creativa sesión.

El baño, que ese día fue testigo de la depilación se siguió usando por las cuatro mujeres para otro tipo de rituales de belleza, lo que incluyó peinados, maquillajes, arreglo de uñas, mascarillas, entre otras ocurrencias. Hicieron uso de espejos mágicos y reales, pócimas, joyas, artefactos extraños, pomadas y demás. Sabían que para lucir bellas no necesitaban hechizos sino múltiples experimentos.

Y de pilón depilado aquí termina este cuento colorado, la historia de estas cuatro damas, reinas valientes dispuestas a dar su pellejo (y a depilarlo) por cualquier cosa. Aquí finaliza esta aventura quitapelos, quitavellos, antipelosidad o como se quiera llamar, pudiendo aclarar que cualquier coincidencia de la vida real es mera casualidad. Moraleja para las damas: antes de someterse a alguna de estas torturas, piense que más vale bella vellosa a adolorida sedosa.

2 pensamientos en “Bella vellosa

  1. Juan González

    ¿Qué puede ser más cotidiano, que la higiene y la consecuente búsqueda de la estética y el cuidado personal? Pero en el ámbito femenino, es claro que esto conlleva muchos trabajos y sinsabores detrás del telón, mucho más que en el mundo masculino, para lograr alcanzar la meta de la tan ansiada belleza. Y sobre esta temática se desarrolla el cuento anterior, pero en una manera que resulta bastante entretenido, ya que con mucha creatividad, el autor (¿o debo decir autora?) desarrolla la historia de unas hermanas y cuñada implicadas en esos difíciles quehaceres estéticos, pero con un estilo muy fluido, haciendo uso del juego de palabras relacionadas con los vellos y demás, de forma que ha captado mi atención de principio a fin. ¡Enhorabuena y Felicidades al autor(a) y a los admnistradores y colaboradores de ésta web, mis mejores deseos en este año nuevo! Un abrazo solidario para España, desde México, ¡mucho ánimo!

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