abr 252012
 

Por obra y gracia del Generalísimo Francisco Franco Cuenca, al igual que otras ciudades de América, tuvo el privilegio de contar con profesores uni­versitarios de alto nivel intelectual de España. El egocentrismo y dogmatismo del caudillo español no era compatible con la «Inteligentzia», es decir la élite inte­lectual de ese país. Nuestra ciudad, reco­nocida por sus valores intelectuales, no contaba con una Facultad de Filosofía y Letras, vacío que rondaba en la mente del entonces rector: Carlos Cueva Tamariz quien decidió llenarlo.

La coyuntura franquista posibilitó que se incorporen a esta unidad académica en calidad de fundadores y profesores académicos españoles de muy alto nivel que iniciaron con paso firme esta facul­tad, conscientes de las posibilidades y limitaciones de la intelectualidad cuenca-na. Quienes tuvimos la oportunidad de estudiar en la década de los cincuenta, recordamos con emoción los efluvios de sabiduría de estos maestros que nos compartían su talento y formación par­tiendo del sentido de esta facultad: saber por la satisfacción de saber, al margen de intereses profesionales.

El mero hecho de recibir esos conoci­mientos en clase era ya un regalo no esperado, pero además trasladaron a libros lo que bullía en sus espíritus. Francisco Álvarez González escribió en esta ciudad y publicó su Historia de la Filosofía en la que hace honor a la acti­tud de su maestro José Ortega y Gasset: la claridad es la cortesía del Filósofo. Luis Fradejas nos dejó un texto didáctico de lengua española. Gabriel Cevallos trasla­dó sus conocimientos de Historia a «Reflexiones Sobre la Historia del Ecuador». La huella de los profesores queda en la mente de los estudiantes, que mejor si además se consolida en algún libro.

José López Rueda fue también por un tiempo uno de los profesores peninsula­res de la primera etapa de la Facultad de Filosofía y sus inquietudes creativas se plasmaron en una Novela: «Aldea 1936» que se editó en nuestra ciudad en la que nos introduce al duro e intolerante mundo de su país y su tiempo, con vivi­das expresiones de experiencias vividas. Hace unos días llegó a mis manos un ejemplar de esta novela editada en Madrid en la que su prologuista Juan Cano Ballesta dice «… Algún crítico perci­bió muy pronto la importancia de la novela situando a su autor entre los mejores de las letras españolas….»

Es evidente la huella que estos profeso­res dejaron en Cuenca, pero también nuestra ciudad dejó huellas profundas y amables en sus vidas. Cierra esta edición española de Aldea 1936 con esta frase: «Acabóse de imprimir esta primera edi­ción en España de Aldea 1936 el .15 de Noviembre de 2011, a los 191 años de la “Asamblea de la Sanción”, Primera Asamblea Constituyente de la República de Cuenca, ciudad del Ecuador en la que se imprimió la primera edición de esta obra».

Los profesores españoles del inicio de la Facultad de Filosofía y Letras de nues­tra ciudad ejercieron la docencia en otras universidades de otros países, pero siem­pre Cuenca ha estado presente en sus corazones.

Claudio Malo González

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