ene 032015
 

No puede uno imaginarse la cantidad de comentarios tontos de gente que se creía lista, que he tenido que soportar; a mí me tocaba pagar el pato de su ignorancia. Por ejemplo, al describir la ciudad de Nüremberg en Bazar de un poeta, decía para variar algo el estilo que «si fuera pintor, dibujaría este puente, esta torre», aprovechando así para dar una imagen pictórica de lo que veía, y luego volvía a coger el hilo diciendo: «Pero no soy pintor sino poeta», adoptando entonces un estilo más lírico en la descripción; bueno, pues ya la gente tenía que saltar con aquello de que «¡será vanidoso que hasta dice de sí mismo que es poeta!». Hay algo tan penoso y tan canalla en una crítica así que uno ni siquiera puede sentirse herido, sino que hasta a la persona más pacífica le entran unas ganas tremendas de liarse a golpes con esos chuchos callejeros que se le meten a uno en la sala poniéndolo todo perdido. Podría escribirse todo un cuaderno de chistes con la cantidad de majaderías e impertinencias que he tenido que tragarme desde mi presentación en público (p. 176).

El cuento de mi vida. Hans Christian Andersen.
ISBN: 978-84-796–335-9. 16 x 24 cm. Encuadernación en rústica, 248 pp. 16,00 € (8,00 € Ebook).

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