jun 142012
 

El troquel de las conciencias. Una historia de la educación moral en España. Félix García Moriyón.

 

Cuadernos de pedagogía, n.º 424. p. 103

 En defensa de la educación moral

«En el caminar del siglo xxi pareciera en ocasiones que lo acontecido en el pasado se diluye y un cierto olvido intencional de la historia de la educación moral nos en­vuelve. En los apremios por dibujar el futu­ro apenas se deja de ver lo que fue y no fue de una educación que se ha ido adaptando al vaivén de las políticas educativas. Sin em­bargo, la importancia de la formación mo­ral no es secundaria; como “troquel de con­ciencias” expresa su fuerza en la modelación de los valores de la ciudadanía y de la so­ciedad. Y de ello se ocupa esta obra.

Partiendo de la polémica surgida a raíz de la asignatura Educación para la Ciuda­danía, se realiza un recorrido minucioso por la educación moral: de su caminar al son de los cambios legislativos, de sus entresijos y sus expresiones prácticas en la realidad escolar española, para con ello comprender la educación contemporánea.

Estructurada en tres partes, la primera se centra en analizary posicionarse respec­to al significado y los sentidos de la edu­cación moral y a su lugar en la escuela. Para el autor, la educación moral debe atender a dos ámbitos unidos entre sí: el llegar a una vida plena de sentido, a una vida feliz, y al mismo tiempo el sentido de la obliga­ción moral, de los deberes que todo ser humano ha de cumplir. Es la escuela y sus equipos docentes quienes tienen la res­ponsabilidad de asumir tal educación, es decir, formar “ciudadanos maduros y res­ponsables, personas desarrolladas y bien integradas en la sociedad, buenas personas y buenos ciudadanos”.

En la segunda parte se indaga en las prácticas y en los marcos teóricos que las sustentan, ofreciendo una panorámica de ejemplos, de conceptualizaciones y de conflictos no resueltos que ponen de ma­nifiesto la constante de insatisfacciones y pérdidas para unos y triunfos no siempre plenos para otros. Una historia de ideolo­gías, de tensiones entre los formulismos del laicismo y del confesionalismo, que convergen en un presente no exento de crispaciones. Hoy, como ayer, se hacen sentir voces que urgen a promover cam­bios en el sistema educativo.

A modo de síntesis, en la última parte se ponen de relieve los acentos presentes a lo largo de la obra, tesis que muestran cómo se posiciona el autor respecto a los valores como Corpus de la moral y en re­lación con la capacidad de la educación de incidir en la identidad y en la vida de la ciudadanía. Advirtiendo de la necesidad de alejarse de moralinas y socializaciones adoctrinadoras, se afirma que la educación moral deviene de forma intensa en la vida de los centros, sin que por ello deba ex­cluirse el valor de una asignatura especí­fica. Cabe pensar una educación moral “encaminada a dotar a los niños y a las niñas de unas capacidades que les permi­tan llegar a ser personas maduras y res­ponsables, críticas y creativas, capaces de hacerfrente a los problemas morales que la vida personal y social plantea sin dejar de lado los valores socialmente admitidos, pero también sin aceptarlos como dogmas inamovibles”. Y este parece ser el reto que continuaremos teniendo ante los nue­vos cambios políticos emprendidos.» Isabel Carrillo

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